El proyecto
A familia pintora que vaga polo mundo
La familia pintora que vaga por el mundo
Un puesto que se monta, se desmonta y se vuelve a montar, con los cuadros a cuestas y un muro para quien quiera pintar.

«A familia pintora que vaga polo mundo» es lo que pone en el cartel que abre el puesto, y es bastante literal. La obra de Guille Outes no espera colgada en una pared a que alguien vaya a verla: viaja, se monta donde hay feria y se desmonta al cerrar.
Lo que viaja son cuadros —pintura llevada al papel, impresa en series cortas y firmada— y las camisetas que salen de esos mismos dibujos. Ninguno le hace demasiado caso al mundo tal y como es: vacas con los cuernos de colores, casas apiñadas en una ladera que no existe, barcas que se saltan la perspectiva entera. Buena parte de lo que hay en un cuadro no estuvo nunca delante de nadie. La fantasía no es el adorno: es el material.
Por eso no hay nada que saber para entenderlos. No hacen falta lecturas previas ni vocabulario de museo, y funcionan igual de bien con seis años que con sesenta. Ésa es la única prueba que nos importa: este arte es para todo el mundo, en el sentido más literal y menos solemne de la frase.
Familia es la palabra exacta, y no sólo por quien monta el puesto. Quien se acerca acaba dentro: quien se lleva un cuadro a casa, quien se queda un rato mirando sin llevarse nada, y sobre todo el niño que se sienta a pintar. Si le preguntas a Guille por un buen día de feria, no te va a contar lo que vendió. Te va a contar que tuvo el puesto rodeado de críos pintando.
Un día sin reír es un día perdido
El muro de los peques
Ser parte de la familia
En cada parada hay un muro para los más pequeños: se pinta allí mismo, se firma con el nombre y el dibujo se queda colgado en la galería de la web. Es la parte del proyecto que no se vende.
No hace falta esperar a la próxima feria. El muro está abierto: pinta un dibujo con el dedo, fírmalo y lo publicamos en la galería.